marzo 28

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Curar el Bruxismo: ¿Acaso el Bruxismo es incurable?

Curar el bruxismo suena como una misión imposible. Créeme, sé exactamente lo que es.

Vas un médico, y te dice que no puede hacer nada por ti, más que darte medicamentos para soportar el dolor.

Vas a otro, y poco menos te ofrecen hacerte un trasplante de cabeza. O sino, rellenarte la boca con chucherías varias.

¡Es que eso no puede ser posible!

¿De verdad no puede existir una forma de sanarlo definitivamente?

¿Por qué es tan difícil?


¿Por qué es tan difícil curar el bruxismo?

El Bruxismo es un problema principalmente neurológico. Es una contracción involuntaria de los músculos masticatorios, que ocurre a nivel de tu corteza motora (parte de tu cerebro).

Permíteme alivianarte el lenguaje médico, y explicarlo con una alegre analogía.

Esta situación es como que tu jefe tuviera un día de esos cargantes, y te estuviera constantemente presionando para hacer una tarea concreta (digamos, apretar los dientes).

¿Entonces no bastaría con un fármaco que pudiera dormir a este jefe para dejar el bruxismo?

Lamentablemente, este jefe también se encarga de tragar y respirar (entre otras cosas), por lo que, ya te imaginas. No duraríamos mucho sin él.

En realidad, lo que necesitamos es poder relajar al jefe, que se le pase la tontera, para que deje de mandar instrucciones de apretar los dientes innecesariamente.

¡Un medicamento que pudiera darle un regalito al jefe para que se ponga contento debería ser la solución!

Pero lamentablemente, los medicamentos que hoy tenemos no son tan "sutiles". Más que un regalito, estaríamos lanzando una bomba atómica allí que barrería con buena parte de tu cerebro. Y de paso, con el jefe también.


¿Entonces no hay forma de sanar el bruxismo?

Todo parece indicar que lo único que nos queda, es conformarnos con tratamientos parche, del tipo placa, analgésico, etc.

Pero antes de continuar, párate un metro. 

Fíjate que hasta ahora, solo hemos mencionado tratamientos externos.

Es decir, meternos una cosa al cuerpo, a ver si logramos hacerle el día al jefe para que aliviane la carga laboral a tu mandíbula.

¿Pero no se te ha ocurrido pensar que, quizá, podrían ser tus mismas neuronas las que calmen al jefe?

¿O te has detenido a pensar cuál es la profunda razón por la que el jefe está enojado hoy?

¿Por qué tu propio cerebro habría de hacerte daño? ¿Qué es lo que está andando mal?


La verdadera causa del Bruxismo

Lo primero que debes comprender, es que tu sistema nervioso funciona siempre en función de tu máximo bien.

Para el sistema nervioso, lo más importante es mantenerte con vida.

Es por ello que generará automáticamente los acomodos y aprendizajes que sean necesarios para garantizar tu supervivencia.

Quiero que tengas algo muy claro: tu bruxismo es un aprendizaje que llevas desde tu más tierna infancia.

Y es un aprendizaje que has generado para evitar la muerte súbita.


Tu bruxismo te salvó la vida

Cuando eras muy bebé, es muy probable que aunque no te acuerdes, en más de una ocasión tu propia lengua haya tapado tus vías respiratorias.

Esto podía ser causa de muerte súbita, por lo que tu cerebro rápidamente trabajó en una solución, y se dio cuenta que apretando tus dientes, ejerces un marcado estímulo de tensión sobre tu lengua, liberando nuevamente tu respiración.

¡Qué alivio!

Sin embargo, aquí es dónde viene el gran problema:

Sucede que algunos de nosotros tuvimos diferentes factores que pudieron haber agravado este impulso por apretar los dientes, tanto de nuestra personalidad, como de las características de nuestro entorno.

Y hasta ahora, uno de los más importantes que se ha podido encontrar, es la ausencia de lactancia materna.


Ausencia de lactancia materna como agravante del bruxismo

"La alimentación al seno materno favorece el crecimiento y desarrollo del aparato masticatorio, evita la adquisición de hábitos deformantes bucales, mejora la oclusión dental en etapas posteriores del desarrollo infantil, previene las anomalías dentomaxilofaciales y contribuye a la prevención de las caries dentales." (Revista Latinoamericana de Ortodoncia y Odontopediatria "Ortodoncia.ws edición electrónica septiembre 2009. Obtenible en: www.ortodoncia.ws.)

Esto, créeme, es muy interesante.

Dicho en una forma simple que todos podemos comprender, los bebés cuando succionan la leche de la madre, deben hacer esfuerzo para adelantar la mandíbula, pues solamente así ocurre el acople necesario para que haya "bajada de leche".

Esto es toda una odisea para un recién nacido: coordinar lengua, boca y mandíbula en un proceso de succión es una tarea compleja que desarrollará toda esta zona del bebé.

Es tanto así, que se ha podido comprobar que los bebés lactantes pueden presentar hasta un 50% menos de problemas de oclusión de dientes en general (problemas que suelen caer en bruxismo.

Dicho de otra manera, amamantar obliga a trabajar la zona maxilar, lo que da herramientas para no tener que recurrir al bruxismo como medida de salvataje.


La succión: tu primer encuentro con el mundo

En la infancia, el cerebro aprende a moverse a través del vínculo con el entorno.

Tú como bebé, antes que tus ojos, tu principal herramienta para conocer el mundo fue tu boca, desde la succión y la deglución (tragar).

Es decir, el proceso de succión completo, es mucho más que solo un medio para alimentarte desde el seno materno.

Es por eso que los bebés parecen estar constantemente empeñados en mostrarnos qué es lo más peligroso que pueden llevarse a la boca.

Desde sus propios pies, hasta ese pedazo de manzana que evidentemente no podían comer, y todos esas piezas que en su caja dicen "riesgo de asfixia". 

La corteza motora (la parte del cerebro encargada de movernos) tiene una cantidad brutal de recursos destinados únicamente a estas funciones faciales.

¡Prácticamente la mitad de las neuronas motoras que tienes se te van únicamente en mover la boca y poder hacer ruiditos con las cuerdas vocales!

Tener esto claro es sumamente importante para lo que te voy a decir ahora: 

El aprendizaje del movimiento, en una primera etapa, está notoriamente impulsado por la succión.

Pero además, el aprendizaje motor tiene todo que ver con tus propias emociones, tus vínculos externos, sociales y afectivos.


Movimiento, Pensamiento, Sensación y Emoción son estrellas de una misma constelación

Moshe Feldenkrais, creador del famoso método que lleva su nombre, estudió por muchos años el aprendizaje motor de lactantes, niños, adolescentes y adultos, y pudo observar una realidad realmente novedosa:

El aprendizaje motor está absolutamente relacionado con el aprendizaje sensitivo y las emociones.

Un pequeño que haya sido tratado de inútil, de deficiente, o que haya sido humillado sea por sus padres o por sus compañeros, desarrollarán métodos irracionales de defensa, que involucran tensión de músculos.

De la misma forma que cuando te enojas apretas la mano y frunces el ceño, o cuando tienes miedo tiendes a cubrir tu cuerpo con tus manos y tus brazos.

Solo que, cuando el estímulo queda grabado en forma de trauma, o bien se repite reiteradamente, la contracción muscular queda grabada en tus músculos también, sin que lo puedas controlar.

Un niño al que no se le ha dado para amamantar muchas veces vive en un contexto específico. Y ese contexto juega un rol crucial en la generación o no de bruxismo.

Si un niño no es amamantado, aprenderá a conocer el mundo de una manera diferente.

Su musculatura se desarrollará de otra manera, hará menos esfuerzo, tendrá menos tono y será más fácil que pueda hacer apneas o que se “atore” con la leche del biberón.

Y todos sabemos, ahogarse es uno de los eventos más traumáticos que podemos tener.

Como mecanismo protector aparece la contracción de la musculatura maxilar, evitando el colapso de la vía aérea y de que la lengua tape hacia atrás la faringe y tráquea. 

Esto se repite constantemente, reforzando la ruta tanto desde el trauma como desde la reiteración de la contracción.

Hasta que finalmente, se ha creado una compulsión, una contracción involuntaria, grabado a fuego en lo más profundo de nuestro sistema nervioso.

O dicho de otra manera, el jefe irritable del que te hablé más arriba.


Entonces, ¿no se puede curar el Bruxismo?

Respuesta corta: sí se puede, pero no es fácil.

Sin embargo, como ya te imaginarás, la respuesta no está en soluciones mecánicas externas, ni en medicamentos.

La respuesta está necesariamente en tu mismo sistema nervioso. Necesitamos un método que nos permita llegar a la raíz neurológica de nuestro problema, para resolverlo con precisión desde allí, y liberar nuestra compulsión.

Ya te hablaré en mucho más detalle sobre esta solución. Pero para que quede completamente claro a qué me refiero con "soluciones mecánicas" o "externas", primero quiero mostrarte cómo funcionan los tratamientos actuales para el bruxismo:


Tratamientos Externos (los tratamientos "parche", paliativos)

Férula oclusal (conocido en Chile como “Plano de relajación")

Los últimos estudios han demostrado que ya no puede mencionarse a la férula oclusal como de "relajación".

Esto es porque el efecto relajador de la musculatura masticatoria se encuentra presente sólo durante los primeros 15 días y luego de ello el bruxismo vuelve a aparecer con igual fuerza que antes.

Lo que sí es cierto es que la férula protege tus dientes de un daño mayor, del desgaste entre ellos y de la ruptura del esmalte, siempre y cuando se trate de una férula rígida y diseñada por un odontólogo que tome molde de tu dentadura.

Así es, debe ser rígida, ya que las férulas de silicona blandas y sobre todo aquéllas de venta masiva en farmacias, no ofrecen ningún tipo de protección real a tus dientes, porque se rompe fácilmente.

Y lo que es peor, la férula blanda AGRAVA el bruxismo porque estimula el reflejo masticatorio (como si tuvieras una goma de mascar en la boca).


BOTOX, o Toxina Botulínica

Hace un par de años hubo un "boom" de uso de bótox para múltiples patologías de origen neurológico, entre ellas el bruxismo.

En un comienzo los estudios demostraron efectos muy optimistas para el manejo del bruxismo y se creía que por fin se había dado con la solución a este grave problema que aparentemente no presenta cura.

Sin embargo hoy, luego de desastrosos resultados a mediano y largo plazo, ya NO se recomienda el bótox para el manejo del bruxismo (ni para las arrugas, por cierto) porque NO lo cura.

Y no solo NO cura el bruxismo: además provoca severos daños en la musculatura que ha sido expuesta a la toxina botulínica, generando destrucción de la musculatura con reemplazo por tejido adiposo y como consecuencia final, pérdida de la masa ósea maxilar, dejando un hueso débil con poco soporte para los dientes, lo que puede generar un cerro de enfermedades cuando menos te las puedes permitir: tu vejez. 

El bótox ejerce un efecto sobre la unión de las neuronas con el músculo, bloqueando la contracción de esta manera.

Dicho simple, si lo que necesitábamos era relajar al jefe, aquí lo que hacemos es decirle al trabajador que ignore completamente las órdenes del jefe.

Si bien disminuye la intensidad de la contracción, nunca desaparece realmente el bruxismo (el jefe sigue estando allí, con el mismo problema que antes). 

El efecto tiene una duración máxima de 6 meses (en el mejor de los casos, porque puede ser menos), y nuevamente se reestablece el patrón de bruxismo original.

Por esta razón se predicaba la administración cada 6 meses de bótox, pero ya ves lo peligroso que resulta tanto para tus músculos como para el hueso mandibular. (Y eso sin considerar el tremendo problema somático que significa perder la conexión entre neuronas y musculatura).

Los estudios han revelado que existen distintos grados de bruxismo y el bótox estaría indicado exclusivamente para bruxismo severo o para el bruxismo secundario a daño neurológico (Alzheimer o accidentes cerebrovasculares) y la recomendación sería de sólo una aplicación como paliativo y por vez única.


Ortodoncia para corregir la mala oclusión

Actualmente se ha activado la discusión acerca de si la mala oclusión es o no causa del bruxismo, debido a que se ha encontrado que muchas personas que bruxaban y post tratamientos ortodóncicos "exitosos", lo siguen haciendo.

Finalmente si comprendemos el origen real del bruxismo, pareciera ser que el bruxismo produce la mala oclusión y no al revés.

En resumen, solo con férula o frenillos, el trabajo no estará completo. 

Más abajo te hablaré en detalle cómo ocurren los verdaderos cambios en las compulsiones, pero dicho corto, la transformación real ocurre cuando haces una integración sensorial y afectiva de la musculatura de la boca.

No cuando intentas ajustar a la fuerza. Si lo haces, solucionarás una parte del problema. Quizá el trabajador ahora tendrá más resistencia. Pero el jefe seguirá igual de molesto e irritable.

No digo que la ortodoncia nunca funcione.

Al contrario. Puede ser que en muchos casos de bruxismo leve sea suficiente. 

Pero si estás aquí y te diste el tiempo de leer todo hasta aquí, dudo que tu bruxismo sea cosa ligera.


Entonces, ahora sí, ¿Cómo podemos curar el bruxismo?

Moshe Feldenkrais, el mismo caballero del que te hablé poco antes, hizo un descubrimiento increíble:

Primero, recuerda que el patrón de movimiento compulsivo (en este caso, apretar los dientes), viene o de un trauma o de una reiteración excesiva del movimiento.

Pues lo que descubrió Feldenkrais, es que a través del MOVIMIENTO, podemos acceder al patrón muscular que está asociado al evento traumático, dado que se tratan de las mismas rutas neurológicas.

Feldenkrais vio que el cerebro automatiza todos los movimientos que hacemos, aunque no sean los mejores, con el fin de dejarnos espacio de estar atentos a nuestro presente.

Así es como la primera vez que usamos tacones, con suerte podíamos respirar y dar un paso a la vez. Pero ya luego el cerebro automatizó esa ruta, esa forma de caminar, para que pudieras poner tu atención en otra cosa que no fuera solo estar pendiente a cada segundo de si te vas a caer o no.

El problema es que, al acostumbrarte a caminar con tacones, te acostumbras a forzar tus piernas, músculos y huesos a caminar de una forma muy poco saludable, que es sabido que trae consecuencias tanto musculares como óseos. Y llega un punto en que esa costumbre se vuelve compulsión, y ya no lo puedes controlar.

Igual que el bruxismo.

¿Entonces cómo puedes "desacostumbrarte" y eliminar la compulsión?

Feldenkrais descubrió que al integrar dentro de la ruta motora un nuevo grupo de neuronas, las del lóbulo prefrontal (el encargado de tus pensamientos más complejos, la moral y la toma de decisiones), el cerebro sí puede modificar el patrón, a través del entrenamiento consciente de una nueva forma de movimiento que sea más saludable para ti.

Con un entrenamiento consciente, podrías volver a enseñarle a tu cuerpo a caminar sin tacones.

Y con el mismo entrenamiento consciente, podrías enseñarle a tu cuerpo que no hay necesidad de apretar más los dientes, que ya no estás en edad de ahogarte con tu lengua!

Este tremendo descubrimiento le permitió sanar sus propias dolencias corporales y curar a miles de personas que acudían a él aquejadas por el dolor, deformaciones posturales o daños neurológicos.

Así mismo fue como pudo corroborar que el movimiento y tono muscular no está separado de nuestros pensamientos y emociones, de modo que para modificar un patrón muscular, necesariamente debemos modificar nuestro comportamiento y forma de ver el mundo.

Moshé destacó y relevó el hecho de que aquéllas personas que querían sanar sus compulsiones, pero no estaban de acuerdo con modificar su forma de comportamiento, no lograban adquirir el nuevo tono muscular.

Y es aquí donde se produce la revelación de comprender que todo lo motor tiene un sustento emocional e intelectual a la base, incluso, que está permanentemente facilitado u obstaculizado, en absoluta consonancia con el ambiente en el que nos desenvolvemos.


El trauma y el bruxismo

Hablamos antes de que el cerebro automatiza aquellas rutas neurológicas repetidas, para dejar espacio libre de atención al "momento presente".

Otro ejemplo, cuando estamos aprendiendo a manejar, estamos muy atentos a saber cómo coordinar el embrague, con la palanca de cambios y nos demanda mucha atención estar conduciendo, por lo que difícilmente podremos incluir alguna otra actividad, como encender la radio o sostener una conversación coherente con alguien.

En la medida que repetimos el proceso, el cerebro comienza a automatizar las rutas de movimiento-emoción-pensamiento-sensación y ya podemos tener más espacio disponible para hacer otras cosas.

Conducir el vehículo se automatiza al punto de -en ocasiones- incluso olvidar qué o cómo hicimos mientras íbamos frente al volante, pudiendo seleccionar fácilmente el dial de la radio y además prestar atención a la conversación con el copiloto (y responder cosas coherentes).

Existe otra forma en que el cerebro también puede automatizar una ruta (movimiento-emoción-pensamiento-sensación) y es lo que denominamos "huella neurológica".

Este fenómeno, es un recurso del sistema nervioso diseñado para la supervivencia de la especie.

Cuando el sistema nervioso detecta que existe riesgo vital activa mecanismos defensivos, los que, si resultan exitosos (es decir, el sujeto no muere) se integran de inmediato, sin necesidad de repetición.

La emoción y sensación suscitada ante aquél evento es de tal magnitud, que basta una sola exposición a esa experiencia para automatizar la ruta.

De esta manera, cada vez que el individuo este frente alguna situación similar, la ruta se volverá a activar, ya que está integrado dentro de las pautas cerebrales de supervivencia.

(Así es, esta es la forma bonita de explicar qué es el trauma).

Volviendo al fenómeno del bruxismo, si el lactante no es amamantado, y en cambio recibe biberón, sólo considerando la mecánica del movimiento, en que el lactante no realiza el avance mandibular, favorece la apnea obstructiva y la muerte súbita y el bruxismo se integra como parte de un recurso de supervivencia...

...de modo que cada vez que por alguna razón el niño "corte la respiración", se activará este mecanismo defensivo para evitar la muerte y bruxará sin darse cuenta.

No es la única manera de instalar el patrón de bruxismo.

Si observas la reacción de cualquier especie que se ve enfrentada a una amenaza, la contracción de la musculatura masticatoria, y ventral (de la parte delantera del cuerpo), es inmediata.

¿Has visto un gatito cuando se arquea cuando lo persigue un perro?

Esta contracción permite al cuerpo replegarse sobre sí y proteger los órganos blandos de un golpe, o de una caída.

Si un bebé al nacer es sostenido desde los pies y boca abajo, esta postura de falta de sustento, generará de inmediato la activación de la musculatura ventral

Esto es hoy conocido como uno de los principales traumas del nacimiento hospitalario, en que el parto resulta ser más bien un espectáculo (abundan fotos de médicos sosteniendo a los bebés desde los pies, al momento de nacer y luciéndolos como el trofeo de una gran caza, como la presa que debe mostrarse “para la foto”), un trámite o un proceso mecanizado, tan carente de afecto, respeto y cuidado por la frágil y maravillosa vida que acaba de llegar al planeta.

Así tan normalizado todo, es muy probable que tú ni siquiera recuerdes cuál podría ser el trauma que está a la base de tu bruxismo.

Pero hay algo que sí debes saber:

El bruxismo es un patrón que nos salvó la vida en un momento, pero que al repetirse compulsivamente cuando ya no lo necesitas, poco a poco comenzará a hacer lo contrario.


El sobreesfuerzo

Nuestro cuerpo tiene un diseño biomecánico maravilloso.

Si el niño nace en un entorno protegido y no sufre traumas durante el embarazo, parto o primeros años de vida, en general su biomecánica corporal comienza a integrarse de manera muy eficiente.

Dado que el niño no cuenta con la habilidad de seguir instrucciones al nacer, no le queda más recurso al sistema nervioso que comenzar a utilizar el mapa biológico, instaurado en los genes para comenzar la exploración y desarrollo de los movimientos iniciales de todo humano, así es como la mayoría de los lactantes sigue cierto patrón bastante similar al momento de generar movimientos, lo que permite una evaluación de su desarrollo y estandarizar los hitos motores y sociales que deben irse adquiriendo según su edad.

La gran mayoría de los niños pasa los primeros meses explorando y "redescubriendo" las mismas rutas de movimiento que utilizaron sus ancestros para finalmente llegar a afirmar la cabeza, sentarse, gatear y caminar. De esta manera se encuentra establecido dentro del desarrollo psicomotor, los hitos esenciales que son el peldaño previo para conseguir el hito siguiente.

Es requisito obligado que el niño primero afirme la cabeza, antes de poder permanecer sentado, debe sentarse antes de gatear y para el desarrollo de una marcha fluida y eficiente debe gatear antes de caminar.

Efectivamente los niños que no gatean, eventualmente desarrollan la marcha, pero es una marcha con una estabilidad pobre y en la gran mayoría de las veces con compensaciones osteomusculares para poder mantener la postura erguida, en un esqueleto que no se ha organizado de manera eficaz.

Cada vez que el niño se ve forzado a realizar algo para lo que no está preparado física o emocionalmente hará un sobreesfuerzo muscular (y emocional) y para ello deberá aguantar la respiración.

De esta manera es capaz de soportar el peso del sobreesfuerzo y controlar la actividad que le ha sido enmendada. La mayoría de las veces los niños que integran un aprendizaje de sobreesfuerzo, consiguen el propósito con "éxito", y la gran mayoría de las veces (sino todas) los adultos cuidadores, padres o profesores, le brindarán premios por haber conseguido el objetivo, independiente del (sobre) esfuerzo realizado. 

Si lo ejemplificamos, es fácil observar que en el proceso de adquirir la marcha, hay algunos padres que ven reflejada su propia capacidad de ser exitosos en los avances motrices del niño, muchas veces forzando la adquisición de la habilidad de caminar, en niños que aún no están preparados para ello, motivándolos con orgullo a dar pasitos tomados de las manos, utilizando correas de soporte, andadores y obligando a que se pongan de pie tras una caída con frases como "no pasó nada, párese de nuevo" o similares.

Desde el punto de vista neurológico y recordando que la motricidad es un desarrollo simultáneo también de la afectividad y del intelecto, el niño aprende que sus padres se enfadan si no hacen lo que ellos desean, o no le dan premios o lo castigan.

El sistema nervioso infantil es extremadamente sensible a los cambios de tono emocional de sus cuidadores y rápidamente puede integrar como peligroso para su subsistencia un padre/cuidador molesto, activando huellas neurológicas de sobreesfuerzo de manera muy precoz para evitar el disgusto parental, como mecanismo de supervivencia.

Si revisamos nuevamente el desbalance muscular que ocurre en un niño que no amamanta y sumamos episodios de vida en que el niño es forzado a realizar tareas para las que no estaba preparado, es muy posible comenzar a instalar un patrón de bruxismo ya desde tempranas fases del desarrollo.


Los peldaños del desarrollo: curar el bruxismo ES posible

Así como la musculatura cervical debe tener un tono y fuerzas suficientes para que el niño pueda afirmar la cabeza, el resto del cuerpo va gradualmente acomodando los tonos musculares para poder ejecutar movimientos (emociones, pensamientos y sensaciones) cada vez más complejos.

Si el niño adquiere el patrón de bruxismo tempranamente, es probable que lo integre también dentro de uno de los peldaños básico de su motricidad general, de modo que aprende a caminar con los músculos maxilares con un tono muscular mayor que el normal, ya que este músculo de tanto ser estimulado en distintos momentos se comienza a acortar y a modificar la cadena de músculos asociada.

Modificando la postura del diafragma, de la columna y de la pelvis… con todo el correlato intelectual, emocional y somático asociado.

Estos niños comienzan a comprender el mundo con un cristal diferente, de bastante tensión, hipersensibilidad, miedo recurrente, y contracciones crónicas finalmente de la mayoría de los músculos defensivos de su cuerpo.

La forma en que vemos y nos relacionamos con el mundo, determina nuestro tono muscular y viceversa.

Si esta compulsión se inicia en períodos tan tempranos del desarrollo psicomotor, el niño integrará todos los movimientos más complejos con la base compulsiva del bruxismo… esto es aprenderá a escribir, a leer, a sumar, restar, deducir, mirar… bruxando.

Cada vez que haga algún movimiento estará reforzando la ruta neurológica del bruxismo, esa es la razón por la que es tan difícil sanarlo, porque se debe reconfigurar la cadena “evolutiva” del movimiento desde sus inicios, desde esos cimientos primordiales y eso no es  tarea sencilla.

Recuerdo perfectamente de la frustración que sentí cuando de tanto practicar la atención consciente me di cuenta como para cada movimiento que realizaba con mi cuerpo, mi maxilar se acoplaba con contracciones simultáneas.

Daba lo mismo si movía un dedo del pie, la pelvis, un brazo, un dedo de la mano o los ojos, no podía desarticular de ninguno de estos movimientos la contracción mandibular asociada.

Y esto ocurrió, porque aprendí a realizar movimientos/pensamientos/sentimientos complejos desde una base compulsiva inicial… yo tengo la huella del bruxismo desde el nacimiento, y todo suceso de aprendizaje posterior, ocurrió bruxando.

¿Entonces cómo sanar sin tener que volver a nacer?

La respuesta es sencilla:

Modificando las rutas de aprendizaje pensamiento/sentimiento/emoción/movimiento.

Ahora bien, si sabemos que las mismas rutas neurológicas son las que articulan esta amalgama de procesos neurológicos, podemos hacer la ecuación un poco más sencilla.

Si afecto el movimiento, afecto todas las otras funciones de la misma ruta.

Si afecto el pensamiento, afecto el sentimiento, emoción y movimiento…

Y así sucesivamente… sin embargo, la ruta más fácil de afectar sin generar demasiada resistencia al cambio, es el movimiento.

Si yo te digo: “No importa si un niño va al colegio o no, lo que importa es que aprenda a jugar y hacer lo que ama”, muy probablemente encontrarás uno o cientos de argumentos para rebatir esta postura, dependiendo del nivel de flexibilidad que haya desarrollado en su vida hasta el momento de leer este artículo.

Sin embargo si yo le digo “lávese los dientes con la mano izquierda, en vez de la derecha”, probablemente le resulte “inusual, incómodo, extraño, curioso”, que son palabras o sensaciones de bastante menos resistencia que el hecho de modificar una creencia.

Paradojalmente, los pensamientos se sustentan en los músculos, de modo que al usar musculatura distinta, integrar formas diversas de movimiento, tú estarás modificando tus pensamientos/emociones/sentimientos, sin notar la causa… pero claramente notarás el efecto.

De esta manera, y ofreciendo una amplia gama de diversas formas de ocupar la musculatura masticatoria sin tensión excesiva, de manera progresiva, sostenida y respetuosa, el cerebro comienza a modificar la forma de coordinar la biomecánica esqueletal, desarmando las contracciones innecesarias, permitiendo una eficiencia motriz mayor, generando sensaciones, pensamientos y sentimientos mucho más armónicos, calmos y gentiles, en absoluta concordancia con esta nueva forma de ser en el mundo.

La educación somática es de un poder inimaginado para alcanzar un desarrollo evolutivo superior.

Sin embargo, nuestro gran deber es comenzar a identificar en nosotros mismos los músculos contraídos compulsivamente, iniciar este entrenamiento somático reestructurador, sanar y expandir la onda de sanación.

El bruxismo se puede sanar ¿me acompañas a esta revolución?

Si es así, déjame tu comentario al fondo de esta página. Me encantará leer de ti!


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Es un camino largo el hay que recorrer. Por lo que si quieres comenzar cuanto antes, tengo una masterclass gratuita que podría interesarte. 

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Bótox, Bruxismo, Feldenkrais, Placa de relajación, Relajación, Trauma


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  • Paradójicamente he quedado boquiabierta… Te cuento que soy actriz y fonoaudióloga, ahora me estoy dedicando a la lactancia materna, por lo que me tocó profundamente el texto. Y pensando en episodios de mi infancia, también me hace mucho sentido, desde mi destete precoz por orden del médico, hasta una vez que tenía un año y me dejaron llorando sola en el patio para que no hiciera más «berrinches» (mi madre cuenta que le dolía el alma, pero no pudo con toda la presión del médico y la familia). Y claro, después fui una niña sobreadaptada y muy buenita, para no causar conflictos (me cuesta mucho enfrentar conflictos, hasta el día de hoy a mis 46 años). En fin, me has tocado la fibra.

    • Muchas gracias por tu testimonio María Jesús, te invito a revisar los contenidos prácticos para que puedas ayudarte a sanar esas heridas primarias.

      Por mi lado, te cuento que entendiendo el origen, comprendí con mayor claridad lo que me ocurre a mi y a cientos de personas… y sentía que esto debía saberlo todo el mundo.

      ¡Abrazos llenos de amor para ti!

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