CADA HÁBITO DE TU VIDA SE REFLEJA EN TU CUERPO


Por Dra. Ximena Valdés Ortiz
​25/09/2019

Así tal como suena. Si tienes el hábito de escribir, de cantar, de tocar un instrumento, de morderte las uñas, de bruxar (apretar los dientes), de fumar, de sonreír, de quejarte… cualquier hábito que tengas incorporado en tu vida, se refleja en el tono de tus diferentes músculos, otorgándote una postura corporal acorde.

Lo más sorprendente, es que esos hábitos los adquiriste, muy probablemente, en tu infancia temprana y hoy se manifiestan como tu tono muscular habitual.

Y no es que los músculos cambien porque tienes un hábito; el hábito lo ejecutas a través de tu cuerpo. Por eso tus músculos adoptan ese tono muscular. Si tienes algún hábito que genere una contracción sostenida de algún músculo, evidentemente ese exceso de contracción muscular (o falta de relajación) si se repite año a año, formará una gran ruta neurológica en tu cerebro y se convertirá en un automatismo o hábito compulsivo (lo haces sin pensar, cada vez que tienes el mismo estímulo).

El Hábito, los músculos y tu postura

El asunto es que, de tanto contraer siempre esos músculos, los huesos empiezan a desviarse de su posición original, generando las famosas “malas posturas”.

Pondré un ejemplo concreto para que te sea más fácil entenderlo: imagina un violinista, que practica este instrumento desde niño y lo hace al menos 1 hora por día. Si observas la postura corporal del violinista, podrás notar la lateralización de su tórax, un hombro más descendido que otro, a veces bastante tensión en cuello y hombros. Casi siempre estas tensiones fueron adquiridas al inicio de la práctica, sobre todo cuando las personas comienzan a aprender cosas para las que aún el cuerpo y su desarrollo emocional no está preparado. Y por lo tanto deben hacerlas con “esfuerzo”.


hábitos forzados

Volvamos al violinista: si el niño sigue practicando día a día, integrará estas posiciones como la ruta habitual para tocar el instrumento… las primeras tensiones generadas en sus primeros aprendizajes se vienen a instalar como un hábito corporal que repetirá hasta que el cuerpo le duela (ya sea que comience con tendinitis, artrosis, fibromialgia, tortícolis, migrañas, o cualquiera de las clásicas manifestaciones de tensiones musculares crónicas), que aparecerán muchos años después de haber adquirido este hábito, cuando la parte del cuerpo que está ejecutando esa acción que no le corresponde ya no pueda seguir compensando el sobreesfuerzo.


Lo que dice la medicina tradicional

Según la visión de la medicina convencional (que no repara en que un cuerpo es el vehículo por donde expresamos todo nuestro repertorio emocional e intelectual),  sólo le dirán “Ah, se le ha cortado un tendón por sobre uso”, le daremos antiinflamatorios y operaremos el tendón.

Y muy probablemente le digan: Tendrá que dejar de tocar el instrumento si no quiere volver a lesionarse.

Pero esa es una visión muy reduccionista de lo que realmente está a la base de este síntoma.


La verdad

La verdad es que, si tienes alguna mala postura corporal, puedes estar seguro que adquiriste un hábito cuando tu cuerpo (por lo tanto tus pensamientos y emociones) aún no estaban preparados para recibirlo. Hiciste lo que pudiste con lo que tenías y compensaste usando tu musculatura de una forma que no era la adecuada, pero que en ese momento te permitió salir del paso, provocando que surgiera un hábito forzado que, de no ser trabajado, te causará alguna lesión.

¿Cuál es la buena noticia? Los hábitos se pueden cambiar.


Cambiar un hábito es un proceso

"

Sé que los hábitos no son irrompibles; es posible quebrarlos. Pueden aprenderse y olvidarse. Pero también sé que hacerlo no es fácil ni rápido. Supone un proceso y un compromiso tremendo.


Stephen R. Covey, autor de "Los siete hábitos de las personas altamente efectivas"

Tal como cita Stephen R. Covey, cambiar hábitos no es algo que pueda ocurrir tan rápidamente como lo es tomar un analgésico para quitar un dolor o cambiar un neumático pinchado por uno nuevo.


A diferencia de un objeto de metal, al que se le pueden reemplazar piezas viejas y rotas por una nueva, nuestro cuerpo está constituido por células vivas. Cada una de ellas conectadas entre sí, y ellas con el sistema nervioso. 


Y este sistema nervioso humano tiene la peculiaridad de poder darse cuenta de su propio funcionamiento. Nuestro lóbulo prefontal es capaz de aprender y modificar las acciones que para el resto del cuerpo no sean las más apropiadas. Una vez que se le ofrece al sistema nervioso una posibilidad más eficiente para funcionar, el lóbulo prefrontal preferirá esa ruta por sobre la menos eficiente. Pero para ello, necesita realmente conocer esa mejor ruta.



¿Cómo se da cuenta tu cerebro de que existe una ruta más eficiente?


Probando maneras distintas de movimiento.


Déjame ponerte un ejemplo concreto. Si eres de las personas que cuando escribe un texto muy largo necesita detenerse de tanto en tanto para descansar la mano, porque llega un punto en que el dolor de muñeca o de mano en general se hace insostenible, es muy probable que sea porque tienes una tensión innecesaria transformada en hábito al momento de escribir, y tu cerebro no conoce otra ruta mejor para poder escribir sin que te duela. 


¿Qué puedes hacer? 


Muy simple: escribe con la mano, muñeca, brazos y cuerpo entero completamente relajados. Relaja la lengua, libera la mandíbula, no cortes tu respiración, relaja tus hombros, y libérate al escribir. Y la mejor manera de hacerlo, es partiendo por escribir deliberadamente lento, fijándote en todo momento exactamente qué haces, qué músculos tensas, como tomas el lápiz, cómo respiras. 


El objetivo de hacer el movimiento lento, es que te permite estar atento de cada cosa que haces, sin la presión de hacerlo rápido. Al querer hacerlo rápido, tu cuerpo funciona automáticamente y es difícil tomar consciencia de tus movimientos.


Al hacer este ejercicio, en un principio puede que sientas que tu escritura se siente extraña, o que no te des cuenta y ya estés apretando algún músculo de manera innecesaria. Pero si continúas preocupándote de estar totalmente relajado al escribir, pronto tu cerebro encontrará esta ruta mucho más cómoda y eficiente que la anterior, y comenzará a usarla, hasta que finalmente podrás escribir rápido como antes; y es más, ahora que escribes relajado, es probable que puedas escribir incluso más rápido que antes, y sin comprometer tu caligrafía.



¿Cómo se aplica esto al resto de tu vida?


La vida es movimiento, de la misma forma que lo es escribir. La forma en que caminas, hablas, duermes, tomas agua, y cualquier otra acción puede estar condicionada por alguna tensión innecesaria que se termina transformando en una lesión al largo plazo. Un buen paso para evitarlo, es tomar consciencia de cada uno de los movimientos que haces. Y hay una técnica que te ayudará grandemente a lograrlo, pues su foco es precisamente de lo que te hablo en este artículo: LK Movimiento Inteligente®.


Movimiento Inteligente trabaja con las rutas neuronales de tus músculos por medio de sutiles movimientos que le permiten a tu cerebro darse cuenta cómo te mueves en tu vida, ofreciéndole una ruta mucho más armónica, libre de dolor. Además, dado que cada movimiento está intrínsecamente ligado a un pensamiento y a una emoción, notarás también un cambio espontáneo en la forma en que ves tu vida, caminando por ella con mucho más soltura en todos los aspectos.



Te invito a hacer lk movimiento inteligente®

Si lo que buscas es reordenar tus patrones de movimiento y liberarte de las tensiones musculares, Movimiento Inteligente es para ti. Solo necesitas una superficie cómoda (como un mat de yoga) y apretar el botón a continuación, y seguir las indicaciones. Vas a ver como paulatinamente tu vida se va transformando en esa vida que tanto deseas.



Como siempre, quedo atenta a tus comentarios. Quisiera saber cómo te resulta este ejercicio y como sientes tu cuello al terminar la secuencia.

Con cariño,

Ximena


Gracias por leer "Cada hábito de tu vida se refleja en tu cuerpo". ¿Has notado alguna tensión innecesaria en ti? ¿Te duele la mano al escribir? ¡Déjame un comentario y comparte este artículo!

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Dra. Ximena Valdés Ortiz

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